Ahí estaba yo en la sala de espera del traumatólogo, en medio de una de esas ceremonias importantes que marcan para siempre: ponerme el zapato izquierdo. Ni siquiera quité los restos de yeso que me quedaban en el pie; me puse un calcetín encima. Metí la mano en la bolsa ... ¡que bonito era mi zapato! ... Empecé a sentir cómo algo firme y a la vez flexible arropaba mi pie. Por un instante ... me sentí Cenicienta.Y... yo que andaba hacía tiempo buscando el principio de un nuevo cuento en mi vida...
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domingo, 3 de abril de 2011

Mi historia, mi casa.




Stanislav Yulianovich Zhukovsky, Mayo alegre.

Dentro de media hora sonará el despertador. Pero yo ya estoy despierta, de hecho no he dormido nada esta noche. He estado haciendo el equipaje. Mañana se acaban los días de vacaciones que me quedaban del año pasado y dentro de unas horas, toca volar. ¡¿Quién sabe?! Tal vez nos encontremos en el avión. En una maleta, la ropa, unos zapatos nuevos (son mis primeros zapatos normales en mucho tiempo, aunque todavía no tienen tacón)... y en la otra... algún libro, unas aceitunas negras sin hueso, un par de revistas, un bote de mermelada de mi madre, un paquete enorme de uno de esos tés raros...

Unas horas de autobús, avión, taxi o tren desde el aeropuerto. Y llegaré a mi casa. Supongo que, en mi ausencia habrán entrado, habrán tocado mis cosas. Tal vez hayan, incluso, estropeado algo)... No lo sé. Pero, de algo estoy segura: de que, hayan entrado, salido, tocado, roto...  Yo... abriré mi maleta, sacaré uno de mis libros, pondré mi música, meteré mi lata de aceitunas en mi armario, me prepararé una taza de mi té raro y pondré un poco de mi mermelada en un cuenco pequeño y me sentiré en casa porque... hagan lo que hagan los especiales, ese piso es mi hogar.


Por si acabas de incorporarte a la historia:



domingo, 5 de diciembre de 2010

Tenía tantas ganas de volar...

Casi no me he quitado todavía la ropa de viaje y apenas he tenido tiempo para deshacer el equipaje. Y, sin embargo, me siento como si hubiese estado aquí siempre.

¡Besos desde Ciudadadoptiva!



Kandinsky, Amazona

sábado, 13 de noviembre de 2010

Hace tanto tiempo …

... ya no sabemos nada el uno del otro. Pero es curioso que anoche, la primera vez que dormí bien en meses, estuvieras tú esperándome en mi sueño. He amanecido feliz y con los músculos envueltos en una nube de pereza.



Mark Z Chagal, Sobre la ciudad




viernes, 1 de octubre de 2010

Por qué me fuí tan lejos.

De pequeña estaba fascinada por una licorera musical que había en casa. Le daba cuerda y ... sonaba una melodía popular de un país lejano. Pasaba las horas muertas escuchándola...

Hace ya más de diez años que la melodía y yo vivimos en el mismo país.



Nikolai K. Roerich, Hay inmensas tierras al otro lado del mar. 

lunes, 20 de septiembre de 2010

Dentro.

Son tantos los años fuera de España, tantas las cosas de mi país adoptivo que me han traspasado la piel y se me han metido dentro. Personas, lugares, sensaciones, olores, voces, acentos, la nieve bajo las botas... La Plaza, los adoquines y los colores de la Catedral. Actitudes, formas y maneras; no se puede  vivir más de diez años en un lugar y pretender seguir tal cual, como si nada hubiese sucedido.


Alexandr A. Labas, En el avión 

sábado, 4 de septiembre de 2010

Balance.


 Kazimir S. Malevich, Mujer con rastrillo.
  
En pie, ante un mar y un cielo desproporcionados con las medidas humanas; hecha de piezas de varios colores encajadas unas con otras y con un rastrillo en la mano. Está serena y preparada. Creo que, de un momento a otro, se dispone a ir a su trabajo. No va a salir corriendo; no quiere quemar fuerzas en el camino, que el día pinta duro. Sabe exactamente lo que le espera: un pequeño trozo de tierra lleno de malas hierbas. Es consciente de aquello con lo que cuenta: un rastrillo, no muy grande, quizá no demasiado fuerte, pero una herramienta, al fin y al cabo; y ... además del rastrillo, están sus manos, a las que las horas trabajando la tierra han hecho hábiles y sabias. 


---           -                  


      Llevo unos días cerrada por inventario. Haciendo recuento de mí misma. Suena a principio de etapa, a cambio radical. Pero no es así. No es que quiera dar un giro de ciento ochenta grados; sino que estoy haciéndole una limpieza general a mi vida: sacar todo, tirar, guardar, clasificar, arreglar y comprar cosas nuevas. No va a resultarme tan complicado... ¡tengo un rastrillo en la mano!

jueves, 5 de agosto de 2010

El empedrado de la plaza.



Quiero a estos adoquines porque guardan muchos pasos míos: pasos solitarios y pasos acompañados; cuando era yo la que llevaba, cuando me llevaban; cuando paseaban a mi lado. Huelen a tabaco, a chocolate, a nada. Los de un lado saben a felicidad y los del otro, a sal de lágrimas. Me han oído pensar.


Me gusta pisarlos, una y otra vez. Cuando busco algo que no encuentro; cuando necesito aire en la cara; cuando estoy muy bien o muy mal... cuando, simplemente, quiero pasear. Me hacen sentir bien, supongo que porque en ellos, por muchos motivos, para mí está la esencia del lugar en el que vivo.

Hace un rato, he vuelto a echarlos de menos y ... me he sentido lejos, muy lejos, a cuatro mil kilómetros de distancia.

lunes, 14 de junio de 2010

Dime... ¿qué se siente...?

"Perdona que te pregunte esto; quizá te resulte duro hablar de ello pero... es que es algo que siempre he querido saber... dime... ¿qué es lo que sentiste cuando te atropellaron?". Ésta es la pregunta más difícil que me ha hecho nunca nadie. Pero... me la hacían de manera seria, con curiosidad no malsana, sin afán morboso de saber. Merecía una respuesta y la dí inmediatamente, lo cual, supongo, hizo que se perdieran muchos matices. ¿Qué iba a hacer?  Aunque dedicase días a analizar ese momento, no podría ser exhaustiva. De hecho, no se piensa gran cosa, no da tiempo; yo creo que, más bien se siente (es mucho lo que puedes sentir en una fracción de segundo) y... ¿cómo traducir un sentimiento al lenguaje verbal sin traicionarlo por el camino? Es muy difícil.

Trato de volver al momento en el que el proceso del atropello había ya llegado a su fin... trato de recordar todo lo que veo,  pero, no estoy mirando hacia afuera, sino hacia adentro. Es demasiado intenso y las emociones se agolpan, se suben una encima del otro, empiezan a agitarse y se mueven todo el tiempo. ¿Qué hago yo aquí, en el suelo? Es tan injusto. ¿Por qué????? Otra vez, ¿por qué? y, tras, o quizá mientras, otros cinco o seis porqués... y... ahora... ¿qué? ¿qué hago? Impotencia. Yo tengo la razón, pero... ¿de qué me ha servido???? Otro actúa mal y yo pago por ello.

Respecto a lo que pensé, recuerdo dos cosas, aunque quizá hubo alguna más. Mi primera reacción: necesitaba el número de matricula y no llevaba nada con lo que apuntarlo. Llamé por teléfono para que copiasen el número de matrícula y el nombre de la calle. Temía que, si lo anotaba de alguna manera en el móvil, pudiese llegar a borrarse. Y, mientras mi cabeza pensaba en lo práctico, en el número de la matrícula, por el corazón me pasaron mis grandes temas pendientes, esos "y si me hubiese matado, esto se habría quedado sin hacer" (por cierto, tras un momento de "exaltación emocional" en el que te decides a arreglar toda tu vida, llega la calma y la mayoría de los "tengo que" se quedan en expedientes sin resolver).

Ahora, con la cabeza fría y la fractura todavía caliente y sin consolidar del todo, lo veo todo de otra manera. Es de lo más duro que me ha tocado vivir; pero... nada es negro al cien por cien. De cada suceso fuerte de la vida se saca, al menos, una lección; y, a veces, incluso, algo más que una lección. Ésta ha sido de las caras, me ha costado mucho, así que tengo que aprovecharla a fondo. Y también... esto ha supuesto para mí un "kilómetro cero": un buen momento para hacer "mudanza", para sacar lo que tengo en mi vida, ver qué es lo que necesito y ponerlo en cajas para llevármelo a la "nueva vivienda"; qué es lo que me llevo sólo si me queda sitio y, sobre todo, de qué debo deshacerme. Y, una vez que ya me haya asentado tras la mudanza, tendré, casi seguro, que comprar alguna cosa nueva.

Podría escribir líneas y líneas acerca del atropello: de todo lo que sentí durante y después. De lo positivo y lo negativo: de todo lo que me ha aportado y todo lo que me ha enseñado; de todo lo que me ha quitado y todo lo que he sufrido. Pero eso me costaría mucho tiempo y esfuerzo, así que, de todo, me quedo con lo más importante, con el instante en que me dije: "¿Ves? ¡No era tan difícil!".

jueves, 20 de mayo de 2010

Un jirón morado.

Pasaba por ahí.Una fiesta casi neopagana anticipaba la primavera. En medio, aquella enorme figura femenina vestida en una armonía de colores chillones sonreía;  un grupo de personas, con trajes folklóricos, cantaban y bailaban. Había uno de esos árboles de los deseos, con las ramas vacías, sin hojas, esperando a que la gente las llenase con cintas de colores. Una de las chicas del grupo llevaba una bandeja llena de jirones de colores. Por sólo un céntimo, podías coger uno. El mío era morado. Con todo mi corazón puesto en la mano, ataba la cinta a una de las ramas; mientras, mentalmente, ponía en ella mi más querido deseo. Pasaron dos años y ... el deseo se cumplió. Tal cual lo había pedido, de manera literal... y... no lo había formulado bien, me faltaba pedir algo muy importante. Así que... se cumplió la letra de mi deseo, no la esencia, lo que realmente quería.
Recomendaciones de uso de un árbol de los deseos: solicitar la ayuda de un abogado para redactar las peticiones. 

sábado, 15 de mayo de 2010

"Mira que a tí y a mí nos han pasado cosas en este país y, sin embargo, nos sigue gustando tanto", me dijo T, de camino al metro. "Es... una atracción fatal", le contesté, sin haberlo pensado. "Sí... una atracción fatal".

domingo, 9 de mayo de 2010

Soñar...

El viernes, al despertarme, recordaba todavía algo que había soñado. Hacía un montón de tiempo que no recordaba un sueño. Y no sé si esto es bueno o malo. Hay quien dice que si recuerdas lo que has soñado es que tu sueño no ha sido lo suficientemente profundo; otros, ven en los sueños una puerta al inconsciente que no hay por qué cerrar; algunos viven una vida mejor cuando sueñan; se cuenta que se han solucionado problemas matemáticos mientras se soñaba; incluso, existen técnicas para, de alguna manera, programarlos. Y... ¿quién puede decir que nunca ha sucumbido a la tentación de hojear uno de esos libros de interpretación de los sueños?

Para mí, son algo misterioso, pertenecen al mundo de lo mágico y, tratar de hallar una explicación racional... sería ir contra su naturaleza. A veces los escucho y extraigo el mensaje que llevan; otras, simplemente, disfruto de ellos y me dejo llevar. E incluso, durante los ultimos años,  no especialmente buenos para mí,  han sido más de una vez una válvula de escape: cuando el día es una pesadilla, es bueno que, al menos la noche, sea un sueño.

Hay veces en las cuales una angustia tuya te persigue hasta la puerta de tu sueño y ...¡logra colarse dentro!  Y... por la mañana te despiertas rara.  El viernes amanecí con esa sensación tan... agria. Tuve un sueño corto y muy visual, como un anuncio. Tenía unos zapatos negros en la mano. No eran ni bonitos ni feos, eran... anodinos. Sólo tengo un recuerdo perfecto, fotográfico ... del tacón... alto, bastante alto, aunque no era de aguja. Iba a ponérmelos y ... lo lograba. Un segundo y ... tenía que quitármelos... no podía llevarlos. No sé lo que diría Freud acerca de soñar con tacones... pero... seguro que algo no muy acertado: al fin y al cabo, esa misma  mañana, él no tenía que pasar por el trago de ir al traumatólogo.

El viernes tenía revisión.  Llevo ya tres meses y medio... y... desde que me quitaron el yeso, voy a cada visita con una mezcla de ganas recibir buenas noticias y de miedo a que no me las den. Quiero que me quiten al menos una de las muletas; pero, ha habido complicaciones... y... no hay manera. Tengo muchas veces un temor paseando por mi cabeza... ¿y si no llego a quedarme bien del todo?... cada vez que duele todavía, con cada dificultad... Y... entonces, me imagino a mí misma al final del proceso, curada, llevando zapatos de tacón. Hoy, domingo, puedo decir que, ironías de la vida, mi sueño se ha cumplido (¡lástima que se sea el sueño malo, en el que no podía usar los zapatos negros de tacón!)... todavía no puedo llevar tacones... en su lugar... llevo todavía las dos muletas. No hubo buenas noticias... sino malas...

Ante esto... ¡no me rindo! Ahora mismo, mientras escribo, me imagino con zapatos de tacón, pero no negros. Sigo el tratamiento con la misma ilusión que lo seguía al principio, cuando las noticias no eran tan malas. Supongo que necesito un pequeño milagro... así que... tendré que emplear un método de eficacia más que probada, la filosofía de un gran "consigue-milagros": de Vicente Ferrer... no hay que esperar el milagro, hay que salir a buscarlo. Voy a buscar tan bien... que... seguro que lo encuentro.