Hay personas que son cabales, otras sensibles, otras tienen las dos cualidades juntas (¡una suerte!). Y mi jefe... no sabría yo muy bien decir si es un desastre que no tiene ni
sense ni
sensibility o si es un genio del disimulo y, en una actuación digna de un Oscar, mantiene sus talentos ocultos al mundo.
M., una ciudad a cuatro mil kilómetros; Herr Boss, mi jefe, y yo misma, María, la secretaria. Los últimos días en el trabajo habían sido especialmente intensos y me había tocado salir tarde para sacar todo. El día D parecía que iba a ser un buen día: a la hora de la comida, mi jefe se fue al gimnasio (como hace habitualmente, varios días en semana) y, siguiendo su costumbre, se tomó el tiempo del almuerzo y las dos horas siguientes para hacer ejercicio. Mientras él estaba dedicado a endurecer glúteos, la tarde en la oficina pasaba tranquilamente. Una de esas tardes con muy poco trabajo. Mi deducción lógica: si ahora no hay trabajo, quiere decir que saldré a mi hora. La tarde prometía. Pasaban ya más de cinco minutos de la hora de salida y mi jefe seguía fuera de la oficina. Fuí a cambiarme de calzado y... cuando ya salía... me dicen que Herr Boss había vuelto y andaba buscándome.
En un arrebato de "sensibilidad", mi jefe decide hacer salir tarde a su secretaria...
- ...que llevaba varios días prolongando su jornada laboral,
- ...para hacer una tontería que podría haber esperado al día siguiente, y que podría haberse hecho en horario laboral, mientras él estaba en el gimnasio,
- ... demostrando un nulo respeto hacia el tiempo de los demás (una secretaria debe sacrificar su tiempo libre para que él pueda ir a hacer pesas).
Parecía no tener prisa en acabar con unas tonterías que no eran urgentes. Y... bueno... yo no tengo problemas en quedarme si es por trabajo; pero... lo de salir tarde por el gimnasio de Herr Boss...
Al final no me entretuvo mucho tiempo, sólo lo suficiente como para retrasar un rato mi hora de salida.
Mi, por fin, camino a casa: como todos los días, el paseo hasta el metro, un placer y un relax. Un barrio muy bonito, en el centro, edificios antiguos... Andaba paseando. Crucé una vez, dos, tres, cuatro veces. Por el paso, siempre atenta; hay demasiados coches como para no mirar bien por dónde pasas. La quinta vez, un paso de cebra, visibilidad perfecta, todo en orden... y... cuando estaba a mitad del paso... un coche me embiste, me tira al suelo y me arrastra. Supongo que el conductor sería uno de esos que acelera antes de llegar al paso para que el peatón se eche a correr y no tener que parar. Policía, ambulancia, informe médico en el hospital público, una férula en la pierna... una pesadilla. Al día siguiente, viaje a España, con dos muletas, yeso en la pierna...
Si ese día hubiese salido a tiempo (no había ningún motivo para no hacerlo), las cosas hubiesen sido de otra manera. Tal vez me hubiese caído una maceta en la cabeza; o me hubiese salpicado un coche; o me hubiese encontrado en la calle a alguien a quien no me apetecía ver...o incluso... me hubiese atropellado otro coche en otro paso... pero eso, eso no lo sé. Sólo sé que, si ese día hubiese salido a tiempo... seguro que no hubiese tenido esa coincidencia espacio-temporal con ese coche y... no me hubiese atropellado. Llevo ya así más de cuatro meses y la fractura no va bien del todo.
Sense and sensibility: la primera reacción de mi jefe cuando le contaron todo. Dado que en mi ordenador estaba todo lo referente a un tema importante, que, sobre todo, antes de irme, dejase mi clave y un número de teléfono por si me tenían que llamar para consultar algo.
Continuará