Ahí estaba yo en la sala de espera del traumatólogo, en medio de una de esas ceremonias importantes que marcan para siempre: ponerme el zapato izquierdo. Ni siquiera quité los restos de yeso que me quedaban en el pie; me puse un calcetín encima. Metí la mano en la bolsa ... ¡que bonito era mi zapato! ... Empecé a sentir cómo algo firme y a la vez flexible arropaba mi pie. Por un instante ... me sentí Cenicienta.Y... yo que andaba hacía tiempo buscando el principio de un nuevo cuento en mi vida...

lunes, 3 de mayo de 2010

¿Por qué a mí, CNI?

Mientras leía hace tres días las declaraciones del Director del Centro Nacional de Inteligencia español no podía dejar de pensar en mi espía favorito: Pierce Brosnan haciendo de James Bond. Tan atractivo, con tanta clase, tan... no sé. Sólo de pensarlo...Pero Mr. Brosnan es tan inalcanzable. Por eso empecé a fantasear con un espía español, que se tirase desde un helicóptero en un lodazal y que se levantase impecable, con su traje impoluto, estirándose los puños de la camisa de esa forma tan... Brosnan. (Sí, ya sé, estoy mezclando muchas cosas, pero... es mi fantasía, puedo hacerla a mi gusto). Y eso de "capaz de interpretar un susurro en treinta idiomas" me puso a cien. Claro, alguien que no sólo entiende el susurro, sino que también lo interpreta, puede repetírtelo luego tal cual. Al poco rato, ya me sentía yo dentro de la escena:  un hotel de Moscú, con el lujo elegante de antaño y con vistas a la Plaza Roja. En el suelo, una corbata de seda enredada en el tacón de uno de mis zapatos de suela roja. Un espía moreno (producto nacional, por supuesto)  parecido a Javier Conde, con la boca más bonita del mundo, me susurra al oído secretos en treinta idiomas (de los cuales yo sólo entiendo veinticinco) empieza en pastún y luego sigue en dialecto argelino. Dialecto argelino... sólo de pensarlo...

Sigo leyendo, un titular, "ya no se vulneran los derechos de los españoles". Y se entiende que, anteriormente, se han vulnerado. El artículo, fuera de comillas, hablaba de escuchas, seguimientos y registros sin orden judicial. Y... el hotel de Moscú se convierte en mi piso, en una ciudad cualquiera a cuatro mil kilómetros. El espía moreno se vuelve calvo y no tiene corbata (y, si la tuviese, yo no querría que estuviese en el suelo, enredada en el tacón de mis zapatos;  es más, por alguien que viola comunicaciones, domicilios... nunca me pondría tacones). Medio calvo, medio rubio, ya no me abre la puerta de la suite del hotel; sino que abre la puerta de mi piso cuando yo no estoy. Me dan ganas de devolver. Me da asco de mis cosas porque las ha estado revolviendo. No me susurra en pastún al oído, porque ni siquiera habla pastún; me habla para jactarse de que es espía, de que entra en mi casa impunemente cuando yo no estoy, me repite fragmentos casi textuales de conversaciones que yo he tenido por teléfono con otras personas y me repite una y otra vez el verbo "investigar". Le miro de frente cuando me habla y... lleva una cicatriz en el labio.

Prefería no haber seguido leyendo. Con lo que me gustaba lo del pastún y los susurros y todo eso. Con lo eficaz que era mi Pierce Brosnan vestido con un traje a medida... Con lo bien que estaba yo en aquel hotel de Moscú escuchando los susurros al oido.

Yo tenía mi gran momento en Moscú (el pastún, los susurros y el hotel con vistas a la Plaza Roja).Y, de repente... alguien del CNI*  estropea mi gran momento (con todo eso de vulnerar los derechos de los españoles). Y... sólo puedo decir... ¿por qué a mí, CNI?

* con todos mis respetos a La Casa, como institución, y a los agentes que, en ella, trabajan en el marco de la legalidad.


Hotel National, Moscú

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