Un trozo del cielo que estoy echando tanto de menos.
lunes, 9 de agosto de 2010
Me pasa a veces.
No puedo evitarlo. Es parte de mi dualidad, de mi aquí y allá, acordarme de lo que no tengo en este momento. Llevo en España ya unos meses involuntariamente. Y... me entra una nostalgia... Cuando me pasa esto, me pongo a buscar casi compulsivamente cualquier cosa de mi país adoptivo: canciones (populares o actuales), fotografías, vídeos... me da un punto masoquista, busco y busco, y sé que, cuando lo encuentre, se va apoderar de mí esa emoción o sentimiento, no sé cómo llamarlo, tan raro... Hoy ha sido diferente, buscando otras cosas, un vídeo de canciones populares me ha encontrado a mí y... aquí estoy, dándole una y otra vez al "repetir" y con un paquete de pañuelos cerca (¡quién sabe!).
Etiquetas:
El lugar donde vivo.
domingo, 8 de agosto de 2010
Me sucedió en la oficina, hace años (I).
No voy a decir, por ahora, dónde trabajo. Y es una pena, porque la historia gana bastante cuando se sabe este pequeño detalle. Pero, ya encontraré el momento y la manera de decirlo. Trabajo, como he dicho a veces, fuera de España, pero la mayor parte del personal de mi oficina es español. Según dice J., que trabaja en otra sección de mi oficina, hay cámaras por todos los sitios y los especiales nos controlan siempre. El simple hecho, según J., de que vayas a un lugar de la oficina que no se considera habitual en tí ya levanta sospechas. ¿Por qué creer a J.? Porque J. no elucubra, no hace conjeturas; da información concreta y comprobable. Porque me ha repetido conversaciones telefónicas que yo he tenido en el trabajo y que, en teoría, nadie podía haber escuchado (excepto alguien que pinche el teléfono). En mi trabajo, de vez en cuando, se oye alguna inocente broma acerca de los micrófonos; y los teléfonos... qué decir de los teléfonos (los de la oficina, los nuestros particulares y los móviles); éstos merecen un post propio.
Una vez acabado ya el ritual de cada tarde: despedirme de mi jefe, apagar el ordenador, recoger por encima la mesa... Saco el bolso del armario y empiezo a rebuscar; nada, que el móvil no aparece. En el bolsillo de siempre, en el otro bolsillo, en la parte central del bolso, en el neceser, incluso... Sigue sin aparecer. No sé dónde puede estar, aunque, hay algo seguro: lo he dejado en el bolso y de ahí no ha salido. No puede estar lejos. Esto tiene una explicación lógica. No sé cuál. Mira mejor, que tiene que estar. Amplio la búsqueda: primero al estante donde estaba el bolso; luego, a todo el armario. Nada. Los cajones. No aparece. Por encima del archivador, nada. Los cajones del archivador. Tampoco. Por el suelo, debajo de la mesa, debajo de la silla... encima de la mesa... No está.
Empieza a ser raro, porque yo trabajo en lo que se supone un sitio respetable. Además, el despacho que yo ocupaba por aquel entonces se encontraba en la zona de acceso restringido. El móvil no podía haber desaparecido. ¿Quién iba a cogerlo? No se me ocurre qué hacer. Llevo aquí poco tiempo y … asusta bastante ir a seguridad y decir que el móvil me ha desaparecido. En estos sitios no pasan estas cosas (es que yo, entonces, me encontraba en mi época “no-me-entero-de-qué-va”).
En casa, llamo a la compañía para que me anule el número. No me restulta tranquilizador que alguien que me ha sustraído el móvil, bueno, que ha metido la mano en mi bolso y se lo ha llevado, tenga la posibilidad de usar un número registrado a mi nombre. Después, la ronda de llamadas a todos los que tienen ese número, para decirles lo que ha pasado. Llega el turno de J.; no parece sorprendido, me dice:
- No te preocupes, que mañana lo encontrarás en el despacho. Cuando llegues, hazte una llamada y ya verás como está.
- No es posible, he anulado el número. Y, además, seguro que no está en el despacho, he mirado por todo.
- Bueno, de todos modos, tú mira, mira. Que ya verás como aparece.
Una conversación muy extraña. Y, más extraño todavía, a la mañana siguiente, nada más llegar a la oficina, voy a dejar mi bolso en el armario y, en el aparador en el cual lo dejo siempre, ahí, detrás de un trozo de plástico de burbujas, está mi móvil. El día anterior no estaba, seguro y... además para llegar a ese sitio, para quedarse cubierto por el plástico de burbujas, el móvil tenía que tener vida propia y poder meterse él solo. Otra explicación: alguien lo había dejado ahí. J. había acertado.
¿Cómo mirar, a partir de este momento a las personas que trabajan conmigo? Sólo alguien que trabajaba allí pudo haberlo cogido; que sabía cuándo hacerlo, que estaba seguro de que yo no iba a aparecer a mitad. Una (o varias) persona(s) con acceso a la zona restringida. Y... se hizo bajo la atenta mirada de alguna de las cámaras que controlan los especiales.
Por si acabas de incorporarte a la historia:
Por si acabas de incorporarte a la historia:
Etiquetas:
La Oficina,
Tal vez sea mi historia.,
Un lugar de trabajo tan...
jueves, 5 de agosto de 2010
El empedrado de la plaza.
Quiero a estos adoquines porque guardan muchos pasos míos: pasos solitarios y pasos acompañados; cuando era yo la que llevaba, cuando me llevaban; cuando paseaban a mi lado. Huelen a tabaco, a chocolate, a nada. Los de un lado saben a felicidad y los del otro, a sal de lágrimas. Me han oído pensar.
Me gusta pisarlos, una y otra vez. Cuando busco algo que no encuentro; cuando necesito aire en la cara; cuando estoy muy bien o muy mal... cuando, simplemente, quiero pasear. Me hacen sentir bien, supongo que porque en ellos, por muchos motivos, para mí está la esencia del lugar en el que vivo.
Hace un rato, he vuelto a echarlos de menos y ... me he sentido lejos, muy lejos, a cuatro mil kilómetros de distancia.
Etiquetas:
A veces me da por pensar.,
Algo mío.,
El lugar donde vivo.
miércoles, 4 de agosto de 2010
Intuición.
Mi intuición resulta a veces de lo más inoportuna. No es de esas que espera tranquilita a que yo esté desocupada y ociosa. A ella le gusta interrumpirme. A veces, en el peor momento, se pone a tirarme de la manga mientras repite con voz machacona: "hazme caso, hazme caso". He aprendido que, lo mejor en esos casos es dejar lo que estoy haciendo y escucharla. Porque, si no, no me deja en paz. Y, porque, además, suele decirme cosas sensatas y acertadas.
Llevaba unos días un poco pesada. Claro, no me extraña, ella insistiendo y yo ignorándola. ¡Pobrecita mía! Pero es que era ponerme yo a escribir en el blog y ella...¡hala! ¡a ponerse pelma! En estos casos, como sabe que aunque no quiera, la oigo; empieza a hablar y no calla hasta que no ha dicho todo. "Llevas unos días escribiendo la que tal vez sea tu historia y a algunos de los que la leen no les queda muy claro quiénes son esos especiales que acaparan el protagonismo. Es culpa tuya, que no lo explicas bien". Y así, un día tras otro, ¡lo que tengo que aguantar! Esta mañana cuando estaba yo escribiendo el anterior post había demasiado silencio, faltaba algo. "A ver, ¡dónde estás tú ahora que no das la lata! ¿Te has quedado dormida? ¡Pues vaya porquería de intuición, que se me duerme!". "Que no estoy dormida. ¿Te crees que sólo el sueño me hace callar? Tantos años juntas..." (por el tono de voz, estaba un poco molesta). "Venga, no te me enfades, que seguro que quieres decirme algo". Pero, como estaba enfadada, se ha quedado muda. Ni ruegos, ni carantoñas... ¡no le he sacado ni una palabra!
De pronto, algo me ha venido a la mente, de forma inesperada, un pensamiento rápido, algo que sabes que es así, pero no puedes explicar por qué. "Ahora, los que leen la que tal vez sea mi historia ya tienen claro quiénes son los especiales".
Y... mi intuición, muy calladita, me ha hecho un guiño y ... una frase ha llegado como una ráfaga y se me ha quedado ahí escrita, por dentro de la frente: "¿Ves, María, cómo yo también soy una intuición aséptica y profesional cuando quiero?". La cosa es... que espero que no tarde mucho en desenfadarse, porque me gustaba más de la otra manera.
Llevaba unos días un poco pesada. Claro, no me extraña, ella insistiendo y yo ignorándola. ¡Pobrecita mía! Pero es que era ponerme yo a escribir en el blog y ella...¡hala! ¡a ponerse pelma! En estos casos, como sabe que aunque no quiera, la oigo; empieza a hablar y no calla hasta que no ha dicho todo. "Llevas unos días escribiendo la que tal vez sea tu historia y a algunos de los que la leen no les queda muy claro quiénes son esos especiales que acaparan el protagonismo. Es culpa tuya, que no lo explicas bien". Y así, un día tras otro, ¡lo que tengo que aguantar! Esta mañana cuando estaba yo escribiendo el anterior post había demasiado silencio, faltaba algo. "A ver, ¡dónde estás tú ahora que no das la lata! ¿Te has quedado dormida? ¡Pues vaya porquería de intuición, que se me duerme!". "Que no estoy dormida. ¿Te crees que sólo el sueño me hace callar? Tantos años juntas..." (por el tono de voz, estaba un poco molesta). "Venga, no te me enfades, que seguro que quieres decirme algo". Pero, como estaba enfadada, se ha quedado muda. Ni ruegos, ni carantoñas... ¡no le he sacado ni una palabra!
De pronto, algo me ha venido a la mente, de forma inesperada, un pensamiento rápido, algo que sabes que es así, pero no puedes explicar por qué. "Ahora, los que leen la que tal vez sea mi historia ya tienen claro quiénes son los especiales".
Y... mi intuición, muy calladita, me ha hecho un guiño y ... una frase ha llegado como una ráfaga y se me ha quedado ahí escrita, por dentro de la frente: "¿Ves, María, cómo yo también soy una intuición aséptica y profesional cuando quiero?". La cosa es... que espero que no tarde mucho en desenfadarse, porque me gustaba más de la otra manera.
Etiquetas:
Especiales de carne y hueso.,
Gente.,
Tal vez sea mi historia.
Andrés es especial.
De lejos: Andrés (*), el centro de un corrillo; a su alrededor, todos se muestran animados. Le doy el beneficio de la duda: tal vez mejore en la distancia corta y en petit comité tenga gracia.
De cerca: voy a dejar papeles en uno de los casilleros de la entrada. Veo como el pobre Andrés sale de vacío; como un niño que encuentra su ventana vacía el día de Reyes. Pero Andrés es un especial, el primero de la jerarquía especial en M y un especial debe tener siempre la cabeza fría y saber remontarse ante un revés. No sólo no se entristece ni siquiera un poquito, sino que le da la vuelta a la situación y en un alarde de salero y desparpajo, pone un mohín teatral y afectado y generosamente, deja a un lado su decepción e intenta hacerme reir (¡por fin! Voy a tener la suerte de disfrutar de la graciosa verborrea de Andrés; y, además, ¡para mí sola! ¡Ay que pena! ¡Que no estoy en España! Si estuviese, me iba volando a echar la Primitiva. ¡Que la Fortuna me sonríe! Y yo... ¡sin poder capitalizarla!). Con sobria concisión me dice:
- No tengo quien me escriba.
No te enfades Andrés, que lo de no reirme no fue con mala intención; es que … ese día yo tenía los "jijijís jajajás" de huelga.
(*) He utilizado este nombre como homenaje a un Andrés que vive en mi ciudad, persona siempre preocupada por la vida de los demás. 'Cause you worth it, Andrés!!!!!
Y ahora... una encuesta absurda y delirante propia de las cinco de la madrugada.
¿Qué crees que te sucede cuando no le ríes las gracias al espía jefazo?
e) Te sugieren que te inscribas en un seminario titulado "Humor e Inteligencia".
f) El espía jefazo es un profesional con unos elevados valores éticos que no permite que sus esferas personal y laboral se mezclen; no dejándose tentar por lo ventajoso que sería hacer lo contrario.
g) Otras. (Por favor, especificar cuáles).
De cerca: voy a dejar papeles en uno de los casilleros de la entrada. Veo como el pobre Andrés sale de vacío; como un niño que encuentra su ventana vacía el día de Reyes. Pero Andrés es un especial, el primero de la jerarquía especial en M y un especial debe tener siempre la cabeza fría y saber remontarse ante un revés. No sólo no se entristece ni siquiera un poquito, sino que le da la vuelta a la situación y en un alarde de salero y desparpajo, pone un mohín teatral y afectado y generosamente, deja a un lado su decepción e intenta hacerme reir (¡por fin! Voy a tener la suerte de disfrutar de la graciosa verborrea de Andrés; y, además, ¡para mí sola! ¡Ay que pena! ¡Que no estoy en España! Si estuviese, me iba volando a echar la Primitiva. ¡Que la Fortuna me sonríe! Y yo... ¡sin poder capitalizarla!). Con sobria concisión me dice:
- No tengo quien me escriba.
No te enfades Andrés, que lo de no reirme no fue con mala intención; es que … ese día yo tenía los "jijijís jajajás" de huelga.
***
- Que puede ser considerada fruto de mi desbordante imaginación y de todas las historietas de Anacleto Agente Secreto y de Mortadelo y Filemón que leí en mi infancia.
Y en la que cualquier parecido con una situación real puede tomarse como una pura coincidencia.
Respecto a si ambas partes del post están relacionadas, yo las he puesto por separado; pero si alguno piensa que son la misma historia... cada persona es dueña absoluta de su pensamiento y es libre para creer lo que le dé la gana.
¿Qué crees que te sucede cuando no le ríes las gracias al espía jefazo?
a) Te secuestran y te obligan a ver repeticiones a cámara lenta del chiste hasta que te ríes.
b) Cada vez que sales de casa ves pegado a la pared a un tipo misterioso con gabardina, sombrero y gafas oscuras que empieza a caminar detrás de tí.
c) Con la excusa inventada de que has pasado la receta de la tortilla de patata al enemigo, consiguen de Madrid una partida de fondos para investigarte.
d) Te siguen cuando vas al supermercado y mandan un informe top secret a su superior con tu lista de la compra. e) Te sugieren que te inscribas en un seminario titulado "Humor e Inteligencia".
f) El espía jefazo es un profesional con unos elevados valores éticos que no permite que sus esferas personal y laboral se mezclen; no dejándose tentar por lo ventajoso que sería hacer lo contrario.
g) Otras. (Por favor, especificar cuáles).
Etiquetas:
Especiales de carne y hueso.,
Gente.
lunes, 2 de agosto de 2010
Objetivo: destrucción psicólogica.
“Un día, llegarás a tu casa, abrirás la puerta y … ellos estarán esperándote dentro”, me dijo J.
Por si acabas de incorporarte a la historia:
Por si acabas de incorporarte a la historia:
Etiquetas:
Tal vez sea mi historia.
domingo, 1 de agosto de 2010
Una proposición indecente.
J, en el fondo, eres un especial atípico. Decía un experto que, en el mundo especial, cada persona tiene un precio; si no es dinero, es sexo. Y era tajante. No daba otra opción. Si tu punto débil no es uno, es el otro. Éste es uno de los errores que tenéis los especiales, hablar de manera taxativa, tan seguros de vosotros mismos que no dáis paso a otras opciones. ¿A qué me refiero al decirte atípico? Por supuesto, a tu, por decirlo de alguna manera, precio. Tú, que tienes fama de no dar nunca ni la más mínima información a nadie, me dijiste a mí algunas cosas que debías haber callado. Tal vez me subestimases y creyeses que, de esos pequeños retales, no iba a hacer yo nunca nada. Pero, te equivocaste, con paciencia cosí uno con otro y... ahora tengo una colcha. Y lo más sorprendente es que no tuve que pagarte ninguno de los dos posibles precios. Aunque, no fue por nada. Tú y yo sabemos cuáles eran los botones que había que apretar (bueno, quizá tú no seas consciente de que tienes esos botones y eso me ha permitido a mí utilizarlos). Y que conste, que no me gusta manipular puntos débiles; pero, era una situación extrema, tú o yo... y... yo no estaba atacando, me defendía.
Pusiste una sonrisa de complicidad y empezaste a hacerme la que tú creías iba a ser la proposición de mi vida; esa por la cual iba a estarte eternamente agradecida.
- Que te habían enseñado una lista con algunos nombres y que tú elegiste el mío. "Porque eras la mejor".
(No necesité mucho para saber que no era la mejor, sino la única).
- Que necesitaban a alguien para sustituir a otra persona. Y que pagaban bien." ¿No te apetecería poder comprarte un pisito?"
(No estaba demasiado mal como punto de partida del regateo; pero, siendo que yo era la única, podría haber conseguido bastante más).
- Dentro de un tiempo, cuando estés madura...
(el sentido que yo le doy a la palabra “madura” es “ a punto de caer”).
-... te lo propondrán. Un día irás a un sitio y te encontrarás con una persona completamente desubicada, para que te hagas una idea, sería tan raro como ver a X en el TP (X era una señora casada, con un cierto nivel socioeconómico, cuyo ocio era familiar al cien por cien, con niños incluidos; y el TP un bar medio cutre que, por las noches, se llenaba de estudiantes).
Yo, con los ojos como platos, me sentía como cuando de pequeña me llevó mi abuelo al cine a ver La Guerra de las Galaxias. Pero estabas hablando en serio; y yo lo sabía.
- Si no quieres nada con ellos, en el momento que veas a la persona, antes de que ella te vea a tí, sal corriendo. Si llegan a hablarte, estás perdida.
Empezaba a sonar muy mal.
-No te dirán de buenas a primeras que quieren que trabajes con ellos. Sino que quieren que hagas unos informes para ellos.
Supongo que recuerdas muy bien esta conversación, al fin y al cabo, me estabas lanzando una proposición peculiar: entrar a formar parte de tu mundo, los especiales.
Bueno, bueno, J, una vez más, tus profecías se cumplieron. Pasado un cierto tiempo y cuando ya mi vida era despertar de una pesadilla, para dormirme en otra... ví a ¿cómo puedo llamarle? ...quizás... ¿Ana?, que por aquel entonces era la jefa de los especiales en M. Estaba más que desubicada y... quería hablar conmigo. ¿Coincidencia?
Por si acabas de incorporarte a la historia:
Pusiste una sonrisa de complicidad y empezaste a hacerme la que tú creías iba a ser la proposición de mi vida; esa por la cual iba a estarte eternamente agradecida.
- Que te habían enseñado una lista con algunos nombres y que tú elegiste el mío. "Porque eras la mejor".
(No necesité mucho para saber que no era la mejor, sino la única).
- Que necesitaban a alguien para sustituir a otra persona. Y que pagaban bien." ¿No te apetecería poder comprarte un pisito?"
(No estaba demasiado mal como punto de partida del regateo; pero, siendo que yo era la única, podría haber conseguido bastante más).
- Dentro de un tiempo, cuando estés madura...
(el sentido que yo le doy a la palabra “madura” es “ a punto de caer”).
-... te lo propondrán. Un día irás a un sitio y te encontrarás con una persona completamente desubicada, para que te hagas una idea, sería tan raro como ver a X en el TP (X era una señora casada, con un cierto nivel socioeconómico, cuyo ocio era familiar al cien por cien, con niños incluidos; y el TP un bar medio cutre que, por las noches, se llenaba de estudiantes).
Yo, con los ojos como platos, me sentía como cuando de pequeña me llevó mi abuelo al cine a ver La Guerra de las Galaxias. Pero estabas hablando en serio; y yo lo sabía.
- Si no quieres nada con ellos, en el momento que veas a la persona, antes de que ella te vea a tí, sal corriendo. Si llegan a hablarte, estás perdida.
Empezaba a sonar muy mal.
-No te dirán de buenas a primeras que quieren que trabajes con ellos. Sino que quieren que hagas unos informes para ellos.
Supongo que recuerdas muy bien esta conversación, al fin y al cabo, me estabas lanzando una proposición peculiar: entrar a formar parte de tu mundo, los especiales.
Bueno, bueno, J, una vez más, tus profecías se cumplieron. Pasado un cierto tiempo y cuando ya mi vida era despertar de una pesadilla, para dormirme en otra... ví a ¿cómo puedo llamarle? ...quizás... ¿Ana?, que por aquel entonces era la jefa de los especiales en M. Estaba más que desubicada y... quería hablar conmigo. ¿Coincidencia?
Por si acabas de incorporarte a la historia:
Etiquetas:
Tal vez sea mi historia.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
